Uno de mis escritores mexicanos favoritos publicó un poema llamado "Del hartazgo", tocando la temática de la Influeza en el mero momento de la pandemia paranoide. En mi caso me quedo con el título y lo dejo como mero intertexto de mis lecturas, siendo esto algo ajeno a la temática de salubridad.
El viernes pasado iniciaron los días funestos. Los llamados telefónicos de la gran cabeza de familia no se escucharon. Hace ya dos años de su muerte, pero aún la recuerdo y es cosa de nostalgia romántica, como yo, romántico de primera generación en mundo contemporáneo (y si ponemos en altas los movimientos literarios sería tan ad hoc) tengo la idea de que todo tiempo pasado siempre tenía una estabilidad, y que el futuro debe ser mejor, pero mi presente es un constante río de penas lúgubres donde detonan caracteres ideológicos enfrentándose contantemente. Mas el fallecimiento y la no-existencia de mi abuela es irrelevante hasta cierto punto, lo que quiero poner bien claro es aquello que no tengo, y si lo tengo, no es como yo quisiera... una familia.
En los días funestos se recuerdan a los muertos que rondan por estos lares. El año nuevo según tradiciones celtas deja abierto un portal por el que entran y salen espíritus de diversos planos de la existencia. Y justo en uno de esos días, el primero, me invitaron a un cumpleaños... En realidad fue muy agradable que una persona tan linda, en muchos niveles de la palabra, me dijera que quería que le diera su abrazo. Fui a verme con él y varios amigos, ya que gracias a una amiga, Sora, lo conocí, del mismo modo que gracias a esa amiga conocí a un tal Beto, un chavo sabroso. El asunto es que después de una sesión sumamente pasional y cómica yo terminara conduciendo a Kohaku para verme con una persona tan linda. Me recordé al chavo que quería sexo conmigo aún al querer andar con otra persona... que por cierto debo preguntarle cómo le fue... El punto es que me vi con este sujeto, Miguel Ángel (irónico).
La salida fue entre Sora, Beto, Miguel Ángel y yo... la paseada que tuvimos, los comentarios de todos, las risas... deos... me sentí tan... completo... hace tiempo que no tenía una reunión de amigos así. No es por nada, pero las veces que voy a casa de Migue (otro Miguel Ángel) son agradables, aunque tienen un dejo de amargura porque sé que Yue está ahí y en mi situación romántica (s. XIX) siento el desprecio por el recuerdo. Por el contrario estar los cuatro comiendo en el segundo piso de China Loa, todo solitario... riendo a rienda suelta [eufonía, no cacofonía], todo fue geneal... De pura curiosidad se me ocurrió soltar que iría al día siguiente a la fiesta de disfraces de Nidia, mi amiga que conocí hace ya un año y medio en mi curso de Poética Celta, Miguel dijo que quería ir... yo... no pude negarme... les dije que todos que fuéramos.
Mi plan se llevó a cabo, vernos Miguel y yo en China Loa de nuevo y de ahí pasar con Beto, de ahí a la casa de Sora... fue cuando todo empezó a ir muy bien... [Y los suspensivos no son por mal uso del lenguaje, están ahí por algo]. El camino fue muy agradable, Beto dándome lata, Miguel con su cara sonriente, Sora esperándonos en su casa... por un momento tuve la memoria de lo que fue en su tiempo Los Cuatro.
Al llegar a la casa de Sora fue mejor. Los tres sentados en la sala y Sora paseando con su madre en la cocina, luego se nos unió y empezamos a resolver acertijos de un libro junto con el hermanito menor de Sora, llamado Miguel Ángel. la señora nos preguntó si habíamos comido, al decirle que no nos preparó una comida enorme... me sentí tan bien... comida en compañía. Llevaba mucho tiempo comiendo solo en las calles, en la biblioteca, en la escuela, no había tenido la suerte de llegar a una mesa establecida en una casa y platicar agusto, relajado, sin prisa... fue... fue algo que quisiera repetir... era una familia agradable... todos en la mesa comiendo, con Beto amenizando las conversaciones cual Itchel, Miguel respetuoso cual Óscar, Sora sonriendo cándidamente cual Julia... y gotitas aprisionadas en mis párpados delatan mi agrado.
Lo que ocurrió después fue un encuentro de videojuegos entre los tres migueles mientras Beto y Sora estaban a solas (¿Recuerdos?). De ahí nos fuimos a la fiesta de Nidia. Ellos eran los más jóvenes, pero no importó, se llevaron bien. Cuando salimos a la calle porque yo necesitaba aire fresco (me dolía la cabeza) me atacaron a cosquillas... Cuando Beto, Sora y su hermano se fueron, Miguel y yo nos quedamos en la casa, pensábamos dormir ahí. Yo no aguanté más de las 02:00. Subí y dormí. Desperté a las 9, cuando todos estaban platicando. Una vez se fueron algunos y quedamos Nancy (hermana de Nidia), Nidia, miguel y yo, llegaron los padres de las susodichas. En una muestra de afecto nos invitaron a desayunar... y fue ahí que de nuevo tuve otro encuentro con lo que se denomina una familia. Pláticas agradables, momentos de risas, anécdotas curiosas sobre datos en común, rememoramientos de la fiesta de disfraces... aunque estaba disfrutándolo tenía en mente los pensamientos de la familia Souma de Fruit Basket... ahora puedo abrirme un poco, éste es un ambiente idóneo.
Regresé con Miguel. Me invitó dos transvales, mi plan era ir a bañarme a la casa, pero por tiempo debí irme directo a mi nuevo trabajo, un billar llamado Habitat, localizado en la esquina del Parque Revolución. Me quedé encargado de la barra, mi mesera se quedó dormida en la zona VIP con mi cobija... de todas formas llegué a la casa y tomé un baño. Comí algo y añadí el bonito itacate de mole que me dio la Señora Mamá de Nidia.
Un vacío rodeo mi ser. Había platicado con Aldo por MSN de cosas tan... significativas. Me di cuenta que mi vida estaba de nuevo en una rutina desagradable y que el sexo, la Biblioteca o la escuela no contentaban en absoluto mi ser... no ahora... ¿por qué?... aun si fuera a Cancún en diciembre y pasara una vida allá... ¿qué sucedería conmigo y estos rellenos vitales?
¿Es mucho pedir una familia?, aún si la familia sea ajena... quiero una... Sonrío pensando en que la Señora Mamá de Lily me reciba allá, una sonrisa en sus labios, una sonrisa en los labios de los habitantes de las casas que visite... por favor... ya estoy harto de las falsas miradas de aprecio. Quiero una sonrisa agradable en las caras de los comensales con quienes comparta mesa. Basta de pláticas de trabajo, basta de galletas Príncipe de pie esperando a Reyes, basta de conversaciones donde no me siento en un lugar, basta de ser el bufón para los demás?
Quiero un momento idílico con música contemporánea reproduciéndose en mi mente.
Jaa na !!
